Cómo armar el primer equipo de una startup

Cómo armar el primer equipo de una startup

Dependerá del criterio y la actividad de cada organización pero, conforme al método Lean Startup, nunca será la constitución de la plantilla el primer problema.

“La única persona verdaderamente necesaria en el origen de una startup es quien tiene la visión de la idea”. La afirmación es de Consuelo Verdú, profesora y consultora de innovación especializada en Design Thinking y Lean Startup y colaboradora de Nestor&Co. “En principio, no es tanto buscar personas que se ajusten a determinados perfiles o bagajes profesionales, sino más bien personas con actitud, con habilidades para averiguar lo que quieren o lo que necesitan los clientes, lo que les interesa, y para esto puede servir tanto un antropólogo como un etnógrafo”, afirma Consuelo.

Y es que, conforme a la metodología del Lean Startup que rige la constitución de la mayor parte de las nuevas corporaciones, el segundo paso que debería dar el visionario de una idea de negocio está en la calle, en conocer a los clientes y averiguar lo que les interesa. “Si no se ha validado antes en la calle un Producto Mínimo Viable (MVP), no tiene sentido crear una empresa”, afirma Verdú.

Empieza por el mercado
Ese salir a la calle no consiste en lanzar encuestas o ir preguntando a los clientes lo que necesitan o qué les gustaría. “Si hubiera preguntado a mis clientes qué es lo que necesitaban, me hubieran dicho que un caballo más rápido”, es la frase de Henry Ford a la que Néstor Guerra suele recurrir en sus conferencias para ilustrar en qué no consiste una validación de producto.

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Se trata de ir generando prototipos, aunque sean falsos, mostrarlos a los posibles clientes y recabar la opinión de los consultados, tanto las positivas como las negativas. También Bob Caspe, emprendedor en serie, considera que la principal causa de fracaso de las startups es haber empezado a vender antes de convencer a los clientes para que compren, de asegurarse de que su propuesta tiene un valor real.

Así lo entendió también el equipo de Blunder, startup que ayuda a las empresas a la gestión del desconocimiento. “Nosotros no nos constituimos hasta 7 meses después de que Daniel Suárez tuviese la idea” dice Samu Ordieres, cofundador. “Esos meses previos los dediqué a reunirme con los clientes, a presentarles prototipos y a averiguar cuáles eran sus verdaderas necesidades y cómo podíamos solucionarlas nosotros”.

Daniel Suarez es fundador de Freehouse , una especie de casa de emprendedores, en Oviedo, donde se desarrollan actualmente 6 proyectos de startup y otras 4 están en proceso de entrar. Aquí se fraguó Blunder y, como ella, todas empiezan por el mercado. Valga, pues, su caso para orientar al resto de las startups.

Luego, constituye la empresa
Cuando en Blunder constituyeron la empresa estaban sólo dos: Daniel Suárez, centrado en otros proyectos, y Samu Ordieres, que se convirtió en el alma mater y, hasta hace un mes, CEO, de la compañía a la que, desde los inicios, se dedica a tiempo completo. Él es quien nos cuenta los pasos que siguieron en su proceder:

-La hoja de ruta. “Algunos lo llaman también map road, que consiste en marcar una serie de hitos a corto y largo plazo y confirmar que se van ejecutando. Nos reuníamos cada semana para establecer pequeños hitos y yo me encargaba de asegurar su cumplimiento”.

-Al principio, tira de freelance. “Conforme marcábamos y se cumplían los hitos, iban surgiendo nuevas necesidades, de manera que, si por ejemplo, el siguiente paso era disponer de un MPV en el plazo de tres meses, contratábamos los servicios de freelancers para que los desarrollasen o diseñaran”.

-Contrata, luego, hasta completar las 3 patas. Gestión, producto y negocios son las tres patas que, en opinión de Samu Ordieres, debe satisfacer cualquier equipo empresarial. “En nuestro caso, el primer profesional que contratamos fue Ángel, como responsable de ventas. Posteriormente, una vez que estuvimos seguros del producto que queríamos lanzar al mercado, es cuando contratamos, a los 3 meses, a Iván, que es el tecnólogo o CTO.

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Este fue el segundo contrato que hicimos, aunque ahora se ha incorporado ya como partner tecnológico y socio de la empresa. Con una visión global del producto, Iván anunciaba las necesidades que iban surgiendo por lo que, 2 meses después, más a menos a los 5 de habernos constituido, se incorporó Paula como desarrolladora”. Para aclarar la diferencia entre un tecnólogo y un desarrollador Samu Ordieres recurre al símil de el arquitecto, que dirige la construcción de una casa, (el tecnólogo) y el albañil que pone los ladrillos (el desarrollador).

La siguiente incorporación a la plantilla fue la de un administrador de cuentas, un account manager, que se encarga de la gestión de las ventas y las relaciones con los clientes. Esa es otra de las variantes que distinguen a este grupo de startups, la vuelta al orden natural de la financiación empresarial: primero ventas a clientes, luego el banco, las subvenciones, después y, por último, los inversores.

El diseñador, otra figura clave en las startups, la incorporaron ellos a los 7 meses de estar funcionando, pero antes habían contratado a una figura nueva, el Geco, una persona que se encargaría de gestionar la comunicación interna del equipo e ir transfiriendo a todos los avances en conocimiento. “Este perfil, en nuestro caso, era clave”.La última incorporación corresponde a un perfil de marketing que ayude a ganar feedback y a posicionar la marca.

En líneas generales, el criterio serviría a la mayor parte de las startups, aunque hay que recordar que lo convencional en este ecosistema no existe, por lo que cada cual deberá detectar el talento que necesita y el que puede contratar conforme a su core y recursos disponibles.

Emprendedores
Ana Delgado
Agosto 30 de 2018

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