Ciencia y emprendimientos de jóvenes del centro del país

Ciencia y emprendimientos de jóvenes del centro del país

Alimentos sustentables, aplicaciones web, autos ecológicos y hasta complejos dispositivos diseñados para ayudar en los diagnósticos médicos se presentaron la semana pasada en el recinto ferial Macají, en Riobamba.

El Municipio de esa urbe y la Escuela Politécnica del Chimborazo (Espoch) organizaron la cuarta edición de la Semana de la Ciencia, la Innovación y la Tecnología.

El Cabildo organiza este encuentro desde el 2015 con el objetivo de convertirlo en una vitrina para que los jóvenes compartan sus ideas para solucionar problemas de la comunidad. Los proyectos más innovadores reciben incentivos económicos.

Un jurado integrado por especialistas eligió el viernes pasado a los ganadores. El primer puesto recibirá USD 7 000, el segundo o USD 5 000, y el tercero USD 3 000.

Los emprendedores deberán usar ese dinero para potenciar sus ideas y mejorarlas, o como un capital semilla para iniciar su negocio propio, en base a su proyecto. Los organizadores explicaron que entre las bases del concurso constaba que los proyectos sean aplicables a la realidad de Riobamba.

Los ganadores de ferias pasadas utilizaron el dinero para mejorar sus prototipos, adquirir equipos o instalar laboratorios de última tecnología para el desarrollo de nuevos proyectos. La semana de la ciencia y el emprendimiento se inauguró el lunes pasado y se desarrolló hasta el viernes en el galpón de expositores de Macají. El sitio fue visitado por unos 10 000 espectadores.

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En el ingreso se ubicaron stands de emprendimientos privados, en los que se mostraron artesanías, alimentos, prendas de vestir, entre otros productos. Mientras que en la sala de exposiciones se ubicaron los estudiantes de institutos tecnológicos y universidades de siete ciudades del país.

Los estudiantes de la Espoch llamaron la atención del público con sus aplicaciones y prototipos para diferentes áreas.

Los integrantes del Grupo de Investigación de Biotecnología de la Facultad de Ingeniería de esta entidad de educación superior, por ejemplo, presentaron un traje sensorial y un exoesqueleto para rehabilitación física.

Su invención permite que pacientes que fueron víctimas de traumas severos o que padecen paraplejia, reciban rehabilitación a través de una máquina que controla los movimientos de forma remota. Además, el traje sensorial registra en una computadora todos los movimientos realizados por una persona con mucho detalle, lo que permitiría que a través de una conexión web, un especialista diagnostique la lesión desde cualquier parte del mundo.

“Es una solución médica para las personas que posiblemente no tengan acceso a un centro médico donde puedan ser tratados por especialistas”, dice Carlos Muñoz.

Los estudiantes del Instituto Tecnológico Stanford también optaron por una solución médica para su proyecto. Ellos presentaron un dispositivo que permite medir todos los signos vitales de una persona simultáneamente y sólo en 45 segundos.

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La máquina parece una pesa convencional pero tiene adaptaciones electrónicas. Tiene la capacidad de medir el peso, talla, temperatura y presión arterial.

“Los resultados son sumamente precisos, este producto podría ahorrar mucho tiempo a los médicos y también contribuir en la toma de signos de una gran cantidad de personas o para medir el índice de masa corporal de una población”, explica Betsy Quintanilla.

Los estudiantes del Instituto Carlos Cisneros dirigieron su proyecto a las personas que padecen esclerosis. Los pacientes con esta enfermedad degenerativa no pueden mover sus extremidades debido a la rigidez, pero conservan intacta su capacidad intelectual.

Cristofer Ameza y Cristian Hernández se inspiraron en la silla de ruedas mejorada que usaba Stephen Hawking, quien padecía la misma enfermedad. Pero lograron que su invento sea más económico y accesible. La silla de ruedas de este equipo se acciona con el movimiento pupilar capturado con una cámara web.

Tiene un diseño ergonómico y una batería que se recarga con un panel solar o con electricidad. “Queremos ganar el premio para llevar nuestro producto al mercado y ayudar a las personas que padecen esta enfermedad y no cuentan con equipos adecuados”, manifiesta la estudiante Ameza, quien tiene 22 años.

Revista Líderes
www.revistalideres.ec
Julio 10 de 2018

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