La ONU reconoce su trabajo por el ambiente

La ONU reconoce su trabajo por el ambiente

¿Sabía usted que es posible la existencia de jardines en los techos de casas y edificios? ¿Sabía también que su uso no es solo ornamental y que pueden ayudar a reducir la temperatura de la ciudad y absorber el agua de lluvia?

Estos conocimientos y su aplicación en el país están a cargo de la bióloga Liliana Jaramillo.

A la quiteña le gustó desde niña la naturaleza. Pasaba mucho tiempo en la casa de su abuela, en Puembo; allí tenía contacto con plantas, aves e insectos del ecosistema. Esta experiencia influyó en su formación y en su trabajo.

Jaramillo se formó en el Liceo Internacional y le gustaba la materia de biología. Su tesis de grado fue un estudio sobre orquídeas. “Me encantaba salir al campo. Recuerdo que mi papá siempre nos sacaba de paseo y nos llevaba a ver quebradas, plantas y más”.

En el 2006 se graduó y quiso continuar con sus investigaciones, por lo que optó por la carrera de biología en la Universidad Católica. Tras seis años obtuvo su licenciatura, con una tesis sobre la interacción entre hormigas y plantas. Su objeto de análisis fueron las hormigas limón del Yasuní y su relación con los árboles .

Al salir de la universidad, en el 2012, Liliana quería seguir estudiando pero no se inclinaba por un tema en específico; le gustaba todo sobre biología. Optó por trabajar en el Laboratorio de Biología Molecular del Museo de Herpetologia de la institución superior, para saber si eso era lo suyo.

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Allí se encargó de sacar muestras y aprendió a trabajar en equipo. Sin embargo, descubrió que lo que quería era tener un contacto directo con la naturaleza.

Nuevas oportunidades

En 2015 obtuvo una beca de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt) y viajó a Australia para estudiar una maestría en ambiente en la Universidad de Melbourne.

En ese centro de educación superior tuvo la posibilidad de especializarse en las áreas de conservación y ciudades sostenibles. “Empecé a abrir la mente con relación a cosas que están pasando en diferentes urbes y acá recién están llegando, aunque más como moda: infraestructura verde”. Se refiere a toda la planificación de edificaciones en las que se pone plantas no con un fin ornamental, sino funcional. Esto implica que estén allí para absorber agua de lluvia, mejorar la calidad de espacios para la gente, etc.

Karla Rodríguez, también becaria, la conoció en esa universidad. Las unió su interés por las especies endémicas. “Lili siempre busca lograr sus objetivos”, dice.

Una de las cosas que más le impresionó de Australia es la mentalidad que allí se tiene sobre lo ambiental. En Sydney, ella vio un edificio con enredaderas en la fachada; era verde, pero no perfecto. También le impresionaron los jardines de lluvia: evitan que grandes cantidades de líquido vital se vayan a las alcantarillas.

Esto, más los techos verdes que encontró en los propios edificios universitarios y la información de sus clases, le motivó a enfocar su tesis en la posibilidad de contar con estos espacios en Quito. Vio el potencial de colocar plantas nativas en áreas no convencionales para reducir la contaminación.

Ecuador más verde

Este proyecto no se quedó solo como un requisito para graduarse. Al volver a Ecuador se mentalizó en que quería aplicarlo.

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Buscó fondos para emprender y, en 2017, postuló con su idea en el concurso Jóvenes Campeones de la Tierra, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y en el Reto de Emprendimiento Urbano de Impaqto y el BID. En ambos ganó y recibió $25.000, en total.

Michelle Arévalo Carpenter, fundadora de la incubadora y aceleradora, dice que le llamó la atención la habilidad de Jaramillo de tener una visión a largo plazo. “Destaco también su generosidad con emprendedoras que trabajan con ella. Su apoyo a mujeres jóvenes que laboran en temas ambientales es clave”.

Gracias a eso obtuvo un capital inicial. Buscó semillas nativas, las sembró en un invernadero creado para el caso en Puembo, obtuvo las plantas y, tras un fuerte trabajo, consiguió instalar un techo verde en un edificio de 15 pisos en el sector de La Carolina, norte de Quito.

Hoy cuenta con su emprendimiento: Nativus. A través de este impulsa su iniciativa, propaga más plantas nativas y a través de ello logra que especies que polinizan, como colibríes, abejas de miel, abejas comunes, caballitos del diablo, entre otros, regresen.

Queeny López, quien también recibió un reconocimiento en el Reto de Emprendimiento Urbano, conoce a Jaramillo hace año y medio. “Hicimos una mentoría gracias a ese galardón. Siempre ha querido colaborar con el desarrollo ambiental de la ciudad. Liliana está abierta al aprendizaje y por eso su negocio ha ido creciendo”.

Revista Líderes
Carolina Enriquez
Abril 19 de 2019

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