‘La monja’ te enseña a expandir tu negocio e impactar desde varios frentes

‘La monja’ te enseña a expandir tu negocio e impactar desde varios frentes

¿Qué tuvo que ocurrir para que “La monja” llegara a cines? ¿Por qué un emprendedor habría de prestar atención a lo que una película de horror recaude?

Hay ocasiones en las que haber alcanzado el éxito deja de ser suficiente.

Están quienes después de la ardua labor de imaginar un proyecto, evaluar posibilidades, calcular presupuestos, reunir capital, lanzarse a la aventura del emprendimiento y triunfar, gustan de observar cómo la rentabilidad se sostiene sola.

Pero también están quienes no pueden quedarse de brazos cruzados ante un éxito estático, cuando bien podrían ser varios los proyectos que se alimenten entre sí para redituar en un círculo virtuoso y en constante crecimiento.

Además, bien dicen que la naturaleza del buen emprendedor es echar a andar proyectos, capitalizarlos y dilucidar estrategias para continuar expandiendo alcances.

Para mejor referencia, voltea a ver lo que ocurre en la industria del cine, un mundo en el que abundan casos de emprendedores que pusieron en marcha acciones de crecimiento, ante la sensación de insuficiencia que les dejaba la existencia de un solo negocio redituable.

El caso motivo de estas líneas es el de La monja, esperada cinta de horror de la que los especialistas anticipan un arribo triunfal en la taquilla del globo, y pieza clave para que El conjuro desbanque a Matrix del trono de “saga con clasificación para adultos más exitosa de todos los tiempos”, tras 15 años ininterrumpidos ocupándolo.

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¿Qué tuvo que ocurrir para que La monja llegara a cines? ¿Por qué un emprendedor habría de prestar atención a lo que una película de horror recaude?

Vayamos por partes y regresemos a 2013, año en el que se estrenó la primera El conjuro, una película de la que, si bien se esperaba un éxito de taquilla -dadas las credenciales de su director James Wan, cocreador de Saw y El títere, y responsable de las dos primeras entregas de La noche del demonio-, nadie anticipaba las posibilidades económicas que abrió.

En la película hay un par de momentos -quizá los más comentados durante su corrida comercial- que se centran en una muñeca poseída llamada Annabelle.

El conjuro llevaba apenas un puñado de días en el cine cuando Warner Bros., el estudio detrás, se dio cuenta de la respuesta de la gente hacia la muñeca. En un filme lleno de momentos tétricos, Annabelle era lo más escabroso y fue uno de los factores decisivos para que la recaudación mundial de la película quedara en la sorprendente cantidad de 319 millones de dólares, contra una inversión de 20 millones.

Con una película que había hecho en taquilla más de 15 veces su presupuesto, Warner pudo haberse quedado de brazos cruzados, admirando los resultados y pensando quizá en la designación de una fecha de inicio de rodaje para la secuela.

Pero entonces llegó el pensamiento clave: la expansión del negocio, el impacto desde varios frentes. ¿Para qué conformarse con una película y su eventual secuela numerada, si se podía abarcar más terreno a través de trabajos derivados? Total, si al público le había fascinado tanto la muñeca Annabelle, ¿por qué no hacerle una cinta centrada exclusivamente en ella?

La iniciativa debía ser a prueba de riesgos. Si El conjuro contó con un presupuesto de 20 millones, la cinta spin-off no podía costar lo mismo. La estrategia de Warner y Wan -quien aprovechó el éxito de El conjuro para involucrarse como productor de los proyectos futuros derivados del filme- fue invertir mucho menos y ganar más.

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Annabelle, estrenada en 2014, costó solo seis millones de dólares —cantidad comparable con las producciones de cine independiente— y recaudó 257 millones, es decir, hizo en taquillas casi 43 veces su presupuesto. El negocio de ensueño para cualquier emprendedor (y eso que se trató de una película despedazada por la crítica; imaginemos su recaudación si hubiese presumido opiniones positivas).

Con números de ese calibre, el plan de financiación de la saga El conjuro tomó forma: invertir las cantidades “fuertes” solo en las entregas principales, es decir, en las secuelas numeradas de El conjuro, y realizar cintas spin-off con presupuestos bajos.

De esta forma, en 2016 llegó El conjuro 2, cuya producción costó 40 millones de dólares (20 más que la primera entrega) e hizo en taquillas 320 millones, ocho veces su presupuesto, que si bien fue un resultado alejado de la rentabilidad de su antecesora, no dejó de ser un exitoso negocio.

En 2017 fue estrenada una segunda entrega de Annabelle, titulada Annabelle 2: La creación, que siguió el principio de menos inversión para las cintas spin-off (tuvo un presupuesto de 15 millones de dólares) y vio una ganancia mundial de 306 millones, 50 más que los recabados por su predecesora —consecuencia directa del buen boca a boca que generó.

Como parte de su plan de expansión de negocios, Warner y Wan decidieron que era buena idea hacer película spin-off de la villana de El conjuro 2, aplicando la estrategia de filmar una cinta derivada del personaje que más impacto genere en la entrega en turno de El conjuro.

Por ello ahora tenemos La monja, película realizada con 22 millones de dólares y de la que se esperan las ganancias más altas para una película spin-off de El conjuro.

La lección de La monja y El conjuro es clara: si tuviste un negocio exitoso y planeas expandirte, invierte poco en nuevos proyectos, encamínalos a su propio triunfo y crea un círculo virtuoso.

Entrepreneur
Uriel Barco
Septiembre 10 de 2018

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