Productores de café en LATAM, amenazados por los ‘discounters’

Productores de café en LATAM, amenazados por los ‘discounters’

Las multinacionales pagan menos por el café, y el comercio justo no garantiza condiciones dignas para los agricultores. Por eso, el gobierno alemán inició un plan para regularlo.

Las multinacionales pagan 72% menos por libra de café a los productores que en 1983. Pese a esa presión, la cadena de supermercados alemana Aldi redujo un dólar el precio por la caja de plátanos. Mientras, las certificaciones de “comercio justo” tampoco han garantizado unas condiciones dignas para los agricultores.

Por todo ello, el Gobierno alemán inició un plan para regular el “comercio justo” con los países productores, como informó a DW el ministro germano de Cooperación, Gerd Müller.

Los inmensos árboles retrasan los primeros rayos de sol del amanecer en la finca de Bruno Giesemann, por donde han pasado cuatro generaciones desde que llegaron de Alemania, el siglo pasado, en el auge de los grandes latifundios de café en la región de Tapachula, en el sur de México. Pero hoy el café ya no genera ganancias.

“No hay cafetero que en la zona que se lleve un margen adecuado. Sale más rentable meter el dinero al banco”, afirma Bruno, quien vende el kilo de café a 200 pesos (unos 10 dólares). Un precio que termina impactando en el pago a sus trabajadores: 130 pesos al día (unos seis dólares) por recoger unos cincuenta kilos, un pago razonable respecto a otras fincas en el estado de Chiapas, el mayor productor cafetero del país.

Mano de obra migrante

La mayoría de sus 100 recolectores, cuenta Bruno, son migrantes guatemaltecos que cruzan la frontera durante la temporada de cosecha, entre octubre y diciembre. “Por esos pagos, incluso, cada vez es más difícil encontrar mano de obra, porque ya nadie quiere trabajar en el campo. Pero es lo único que podemos pagar”, explica el caficultor.

La caída del precio mundial del café ha puesto en jaque a los pequeños productores en Latinoamérica. Desde mediados del pasado año, la cotización en la bolsa de Nueva York ha tocado sus mínimos.

Este mes de febrero, la libra de café costaba en el mercado internacional 1.67 dólares, según el indicador promedio de la Organización Internacional del Café (OIC), lo que equivale a 0.41 dólares en 1983, cuando se acordó un precio mínimo que, ajustado a la inflación, sería hoy de unos 3.60 dólares.

Esto significa que las multinacionales pagan ahora hasta un 72% menos por libra de café, en términos reales, que en 1983, año en que representantes de los países productores y compradores firmaron ese Convenio Internacional del Café para proteger un pago justo.

Por ese motivo, el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros en Colombia, Roberto Vélez, planteó recientemente la posibilidad de retirar el café de la cotización bursátil. “Los cafeteros de Colombia no pueden seguir vendiendo café a pérdida, y el horizonte que se avecina, dada las proyecciones de Brasil, es muy complicado en los próximos años, por lo que la posibilidad de una recuperación de la cotización internacional la vemos muy remota”, lamentó.

Una decisión que apoya Bruno, quien desde hace seis años tan sólo produce café orgánico que vende directamente a pequeños comercios en Europa y Estados Unidos, pues resultaba insostenible producir a gran escala. “Además, desde hace una década empezamos a producir otros productos para poder aguantar el café, que lo único que genera son pérdidas.

Si me hubiese quedado en puro café, estaría en la ruina. Tan sólo seguimos cultivando café con la expectativa de que a largo plazo podamos dar valor a sus subproductos (fibra, cosméticos)”, asegura. Para ello se necesita inversión en tecnología e investigación que, con esos costes de oportunidad, resulta imposible de financiar.

El hecho que invertir sea accesible para todos, no implica que uno se haga millonario de la noche a la mañana y que sea una labor fácil.

La ineficacia del “comercio justo”

Asimismo, las iniciativas para revalorizar la producción cafetera mediante distintivos de “café certificado” tampoco han generado beneficios a los productores. El impacto económico de ese llamado “comercio justo” se reduce a menos de cuatro céntimos de euro por persona al día, según cálculos en base al informe 2015/16 de Fairtrade International, la organización de certificación más grande, con sede en Bonn, Alemania.

“El proceso de certificación es complejo y costoso. Las cooperativas de la región hacen grandes esfuerzos para lograrlo y luego apenas les da un ayuda, pero muy poco, tampoco trae solución al problema”, cuenta Bruno. Por otro lado, como se ve en el documental ‘Cosecha de Miseria’, del canal Telemundo, en algunas fincas de Tapachula no existe supervisión del cumplimiento de los estándares de “certificaciones éticas” en las plantaciones y se siguen produciendo casos de trabajo infantil, entre otras irregularidades.

Por esos motivos, el fundador de Café For Change, Fernando Morales-de la Cruz, denuncia que el llamado ‘comercio justo’ constituye tan sólo un engaño hacia el consumidor final. “Fairtrade es una falsa certificación cuyo modelo de negocio consiste en defraudar al consumidor con incumplidas promesas de combatir la pobreza y erradicar el trabajo infantil”, asegura el investigador a DW. La cuota de mercado de aquellos productos certificados por Fairtrade International ascendió a 7,300 millones de euros en el ejercicio 2015/16, mientras que el beneficio económico para los productores en ese mismo período alcanzó apenas los 138 millones.

Tiendas de descuento, responsables de caída de precios

Según cifras de Café For Change, los caficultores en todo el planeta dejan de percibir 30.000 millones de dólares anuales debido a la caída del precio de mercado, mientras que Alemania –el principal consumidor en Europa– recaudó más de 50,000 millones de euros en impuestos al café desde 1950.

La Unión Europea importó 2,92 millones de toneladas de café en 2017, valoradas en 8,8 mil millones de euros, según estadísticas de Eurostat. Alemania fue su mayor importador, con el 37% del total ese año.

La presión de los discounters alemanes –supermercados a muy bajo costo–, encabezados por la cadena Aldi, hacia los minoristas ha provocado un desajuste en el mercado.

A comienzos de 2011, cuando subieron los precios del café en los supermercados alemanes debido al incremento del valor internacional, Aldi mantuvo e incluso bajó el precio de sus marcas. Por esa influencia de Aldi como referente para establecer precios, los montos del café en Alemania descendieron ese año, mientras que aumentaron en países como Estados Unidos, Francia y España.

La cadena Aldi amenaza a productores bananeros

Ese pronunciado recorte de precios de Aldi, así como de otras cadenas de supermercados germanos, como Lidl, ha deteriorado la sustentabilidad en algunas regiones agrícolas de Latinoamérica, según denuncia la ONG Oxfam International en el caso de los bananeros en Ecuador.

En Alemania, un plátano cuesta en promedio un 30% menos que en Francia o Italia. Esto debido a que, desde 2008, el precio real al productor de plátanos ecuatorianos para el mercado alemán se ha situado, en promedio anual, por debajo del precio mínimo legal, según datos oficiales recabados en un estudio encargado por Oxfam.

Pese a ello, a partir de este año la cadena Aldi pretende reducir un dólar el valor de la caja de plátanos (de 8 a 7 dólares). “Esta medida tendría un impacto tremendo para todo el sector rural en una Latinoamérica donde crece la pobreza rural y sobre todo impacta en Ecuador”, afirmó Xavier Lazo Guerrero, ministro de Agricultura de ese país.

En ese sentido, el ministro alemán de Cooperación Económica y Desarrollo, Gerd Müller, aseguró que su gobierno inició un plan para regular ese comercio justo. “Estamos en la etapa de control voluntario de las empresas. Las grandes compañías de distribución tienen que hacer público con transparencia su cadena de suministro.

El gobierno alemán ha decidido que, después de esta fase voluntaria, valorará si es necesario una ley. Tomaremos la decisión el próximo año”, afirmó el ministro a DW durante su visita a varias plantaciones en Tapachula, en el sur de México. Una medida, que según señaló, contribuirá a erradicar la pobreza y el trabajo infantil.

Asimismo, Müller indicó que esa regulación debería ser una de las directivas de la Unión Europea en un futuro. “Es necesario que Bruselas elabore una regulación clara de los mercados con respecto a las importaciones al mercado interno de Europa.

Los productos que se importan desde América Latina y África deben cumplir en toda la cadena los estándares éticos, sociales y ecológicos. Cuando tengamos la Presidencia del Consejo Europeo, vamos a abogar por una solución armónica para Europa”, expresó Müller.

Forbes México
Aitor Sáez
Marzo 12 de 2019

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